Frutillar III: Gnomos, y algo así como educarse

En este día, visitamos por la mañana el Museo Colonial Alemán, como para intentar hacer algo educativo y vender la pomá de que el viaje no fue puro comer.

El museo relata a través de arquitectura y objetos reales, la vida del colono alemán en la Patagonia. El lugar es hermoso, y sus jardines, increíbles. Creo que rara vez he estado en un lugar más lindo. No sé si realmente aprendí algo en concreto, pero el sobrecogimiento fue real.

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Tráguense al tiro mis fotos de flores. Les advertí en la primera parte que iba a haber ene cantidá, pero al menos las pongo de una y se ahorran el scroll.

Este lugar me dio Casita-en-la-Pradera vibes. Es que, porfa, la noria con la caída de agua. Siento que estoy fundando Oklahoma y que tengo que ir a hacer pan.

A propo de hacer pan, en la colina hay dos casas, reproducciones de la casa del obrero y del patrón ¿Y cuánto creen que amé la cocina de la casa del obrero? Toda, la amé toda. Incluyendo un objeto que estábamos convencidos era una wafflera, y los bordados góticos con frases sobre casa sola, suerte y no sé qué (sorry, cabros, mi alemán es super malito)

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Ahí, sobre la hornilla, con forma de trébol: es o no una wafflera??

Y por favor hablemos de la vista desde la casa más alta. Fue el momento del viaje en que se me pusieron de punta los pelitos del brazo (y de la pierna, porque me fui de look invernal para allá…). Como de cuento (el lugar, no mi pierna pelúa)

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Y no puedo dejar de mostrarles mi pollito regalón. Amé que se dejara tomar fotos. Hasta las aves eran amables.

Por la noche, salimos a comer cerca del hotel, pues llovía y justo se había cortado la luz. Es así como improvisamos, y terminamos en Duendes del Lago, pues no estaba en nuestros planes originales gastronómicos (sí, me fui con una lista preparada durante meses; cuando se trata de comida, soy super organizá)

Duendes del Lago

Más publicitado que Trivago: no hubo quien no me dijera que tenía que probar este local. A mí no me tincaba mucho, basado en reviews, pero en persona no se veía mal, y como se cayó otro plan, simplemente nos rendimos.

Ya, po. Estaba todo el sector sin luz (aunque a nadie parecía importarle), pero la cosa es que estaban sin cafetera. Pero nos aclararon que la cocina estaba 100% funcional, así que optamos por pedir algún sándwich, y probar al menos la mano.

Elegimos un Salmón del Lago ($4.800), que consistía en salmón ahumado marinado, ricota de la casa, y lechuga. Tal vez suena un poco fomito como descripción, y no es una mezcla muy atrevida ni exploratoria, pero si hay una cosa super ultra wena de comer en la Patagonia, es que peces cotizados como el atún fresco y el salmón, son abundantes. Los dan por tonelada métrica, sin cobrar demás. Un verdadero gusto, pues como lo pensé, mi sándwich trae harto salmón. No escatimaron. Cumple.

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El Nenuco pidió un Chacarero ($4.900) Rica la carne; no solo en preparación, si no que además era gruesa, y no el churrasco cagón. El pan sosí quedó un poco al debe, pues desmigajaba bastante. Pero la carne casi lo vale. Tiene efectivamente ají -un verdadero plus en estos tiempos en que siempre se lo sacan-.
Ambos sándwiches de buen tamaño.

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Entre medio, volvió la luz, así que mientras pedimos algo para tomar, acá les dejo una galería de los duendes del local. Sí, eran hartos (y estos no son todos). El ambiente es claramente lo mejor y más logrado. Cálido. Cozy.

Como ya se podía ordenar cualquier cosa, y sentimos que los sándwiches tal vez no eran la especialidad, pedimos un chocolate menta ($2.500) Su presentación, ideal: enorme, sobre bandejita de madera con cubierta de encaje, acompañado de 2 galletitas, coronado de espuma y syrup de menta, que al mezclarlo le da el sabor. Claramente acá está el mayor valor del lugar. Delicioso, mentoso, con trocitos de chocolate al fondo. Revuélvalo bien y disfrute mientras cae la lluvia.

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Ojito, no se sorprenda de que el baño es mixto, como en Ally McBeal. Progre. Mencanta.

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Vista saliendo del local. Anochecer. Lluvia. Díganme que Frutillar no es como un cuento. Tal vez sí creo en los duendes, al menos por hoy.

 

Dónde: Duendes del Lago, Bernardo Philippi, esquina O’Higgins, Frutillar Bajo
Precio: Unos $15.000 para dos personas

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