Verde Sazón: comida vegetariana para gustos carnívoros

A ver, levante la mano el que cuando le dicen comida vegetariana, imagina al tiro una ensalada.
Y no cualquier ensalada, si no una cama de lechuga insípida, o peor: una dieta sana. O al contrario, se imagina la cama de lechuga, pero con un trozo de jamón al lado. Yo sé que se imaginan eso, porque lo han vivido. Todos hemos pasado por el local vegetariano a la antigua, o el único ‘plato vegetariano’ en un menú, donde hace aparición estelar la dichosa cama de lechuga, probablemente junto a un terrón de atún, o que se trata de un plato de pasto con unas tiras de pimentón crudo, la mitad de un huevo cocido y un trozo de aceituna, como que quisiera ser gourmet la tontera. Y pensamos por el resto de la vida qué horrible es la comida vegetariana, filo, seguiré comiendo lo mío no más, no pienso hacer dieta en mi vida, antes morir.

¿Por qué la comida vegetariana tiene que ser fome? No, po. Si los vegetarianos y veganos literalmente ‘no viven de ensalada’. Ahí entra Verde Sazón con su novedosa propuesta de comida vetegariana…pensada en carnívoros. El criterio de Verde Sazón no es la salud, ni la filosofía, ni las ensaladas, si no la #Comía Rica. El sabor es lo primordial, porque siendo honestos consigo mismos y con el mercado, saben que la carne es tremenda competencia, y que se requiere un juego de texturas y sabores, para que al comer no sientas que “faltó” la carne.
Otro factor es la abundancia. Hay platos hasta fácilmente compartibles. La idea es no quedar con sensación de ‘hambre’, otro factor en nuestra percepción de la comida vegetariana.

Y ha dado resultado, pues la mayoría del público es omnívoro; gente declarada carnívora acérrima, que se ha atrevido a dejar la carne al menos un día a la semana, cosa que antes no hubieran hecho jamás. Para qué estamos con cosas: es un gran logro.

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Una carta acotada, pero bien manejada, con platos que van desde lo light a lo francamente tchantcho, hay un poco para todos los gustos, mezclando distintos tipos de cocina mundial, con un toque propio. Tras mucho ensayo y error, y mejoras continuas, el resultado es visualmente atractivo (traigan los celulares cargados porque acá todo es digno del Insta). Son platos diferentes, que solo podrías comer acá. Y como son invento local, los nombres de varios de sus platillos también son únicos.

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Les saco pica con la entrada: me comí una palta entera. Que en estos días en que los europeos descubrieron el pan con palta y nos pusieron en crisis de Hass, es como decir me encontré un lingote de oro y me dejaron quedármelo.
El local comenzó con un food truck, y la palta asada ($6.400) estuvo desde los inicios en el menú, así que es como el plato insigne.
Es justamente una palta al horno, rellena de quinoa, tomate y pepino, con salsa de yoghurt y pesto de cilantro.
El pepino le da frescor, y es delicioso el contraste de lo frío de la quinoa con la palta calentita. La salsa es de los dioses, sobre todo mezclada con el pesto de cilantro. Y ojo, hay sorpresa: viene un corazón de queso de cabra ahumado, derretidito. Como amante del queso de cabra y la palta, le doy un siete. Sobre todo porque me quitaron la idea de que la palta al horno quedaba ‘mal’ (no sé por qué pensaba eso)
…Hablemos de lo obvio: sé que hoy es más fácil y barato encontrar un huevo de dragón que una buena palta Hass, pero bueno, hay que darse el gusto de vez en cuando mientras aún se pueda, sobre todo si viene presentada así. Esta palta murió por una causa, y no para acompañar la marraqueta.

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De fondo, pedimos una nueva hamburguesa que no está aún en la carta, y que es una fusión de las existentes. Se llama “No me juzgues”, y le lleva (tomo aire): lechuga, tomate, cebolla, pickles caseros, salsa tártara, ají en escabeche, salsa chipotle, un champiñon relleno de queso de cabra ahumado (ojo, los quesos se pueden cambiar por queso vegano, por $1.000 más), una patty de lentejas apanada en panko, además de papas fritas rústicas. Uf. Y por eso se llama No me juzgues: es harto tchantcha.

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Consejo: traten de darle al menos un mordisco íntegro, con todos los ingredientes juntos, porque es maravilloso (yo lo logré onda una vez, después con cubiertos no más; es gigante)
Rica la hamburguesa en sí, exquisito el pan, la salsa, los chiles, el champiñón, bueno, TODO. Ojo, tiene su toque picante, pero atrévase, no sea leso.

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También pedimos un Curry verde ($7.200), vegano-friendly y libre de gluten, que lleva leche de coco, brócoli, zapallito italiano, cebolla morada, pimentón, una tremenda rodaja de piña asada, camote crocante y almendras tostadas, todo sobre arroz basmati.
Según yo, el plato más lindo del año. La mató.

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No solo eso, es un montón de verduras y fruta que en teoría no deberían gustarme, pero estaban increíbles: el dulce de la piña asada, el picante del curry, el crocante de las verduras, almendras y camote en hilo le dan una onda dimesional y exquisita al basmati, que casi dan ganas de ser vegano.

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Efectivamente derribamos un mito: los platos serán vegetarianos, bellamente presentados, pero no son apretaos: van a quedar satisfechos, si no llenos. Se puede comer bien e incluso tchantchear.

De postre, veo que hay cheesecake. Pero no cualquier cheesecake: “Se me cayó el cheesecake” ($5.200, para dos personas) es justamente una destrucción de un cheesecake sobre masa de galletas, con arándanos, frutillas y physallis, con salsa de berries, y es otra bella presentación:

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Ustedes saben que yo soy la experta residente en cheesecake, y que no acepto cualquier cosa con ese nombre. Pero esta deconstrucción está increíble: crema blandita, crust tipo galleta, repleto de fruta y salsa. Tan increíble separado, como junto. Me gusta que en el fondo sea como un sampler de varias frutas, así pruebas de todo, y es ideal para compartir.
No le tenía tanta fe, porque de verdad soy cuática para el cheesecake, pero se ganó un lugar en mi panteón de los dioses del dulce.

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Ojeli, ahora que es invierno, hay un plato fuera de la carta que es una sopa del día: un gigantesco bowl de medio litro de sopa, acompañado de tostadas de masa madre. Porque también se puede comer rico con un plato de sopa.

En conclusión, es el local más inclusivo en el que he estado. Hay platos veganos, opciones sin gluten (incluso también ambos a la vez) y puedo llevar a quien sea y saldrá contento. Es un local que logra que la gente no se sienta menospreciada por comer carne, si no que se acerca a lo vegetariano voluntariamente. Tal vez no todos compartimos la misma filosofía detrás de nuestras dietas, pero es una propuesta que ayuda a poner fin a bizantinas discusiones, y pucha, logra un tremendo impacto positivo en el medio ambiente. Misión cumplida.

Dónde: Verde Sazón, Av. Italia 857, Providencia
Precio: Unos $20.000-$30.000 para dos personas

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