Guía pajera de Valdivia

No malentendamos el nombre de esta nota: me refiero única y exclusivamente a aquella gente que como yo, se va por pocos días, con las lucas justas, y vacacionan para no solo conocer, si no descansar. Se conoce lo suficiente, y se descansa más todavía.
Como contamos la otra vez, no somos de pescar el auto y meterse a recorrer a lo Conan por los derroteros que nos tinquen. Somos de planificar cada día, saber dónde vamos a comer, qué vamos a hacer, y sobre todo, cuánto vamos a gastar. Nuestros itinerarios son bien tipo ‘siesta de las 4 de la tarde’, onda hagamos todo en la mañana y volvamos lueguito al hotel a ver qué hay en la tele.
Afortunadamente, Valdivia es ideal para esos periplos, porque es chiquita y fácil de recorrer. Pero vamos por partes.

Cómo llegar

Tres son las aerolíneas que llegan al Pichoy: Jetsmart, Sky y Latam. Pero esta última es la que solo le recomiendo a mis enemigos, porque es bien malita. Evítenla. Sí, sí sé que tiene prestigio, pero desde que se fusionó con Tam, el descenso en calidad es tema que da pa largo.

Jetsmart es más o menos nueva; la usamos para ir a Puerto Montt el año pasado y es bien decente. Los aviones son nuevos y el personal amable. Funciona estilo low cost, pagando aparte todo lo que se usa. Si se compra con bastante anticipación, se pueden pillar buenos precios. No está demás decir que hay que leerse hasta el último punto de las instrucciones y letra chica. Muchos de los problemas que surgen en aeropuerto y cobros sorpresa son por no pegarse la cachá. Cumplan con las medidas y peso del equipaje comprado, impriman ustedes mismos la tarjeta de embarque en sus casas, etc.

Este año viajamos en Sky, también comprando como 6 meses antes. Nos fuimos con maletas de mano (de las que se ponen en los compartimentos superiores de la cabina), más chicas que lo estipulado en la tarifa Light (que OJO, ya no existe! Cambiaron de nuevo las tarifas, así que revisen super bien lo que están comprando)
En realidad, una de las maletas tenía dos patitas que la hacían un par de centímetros más grande que la caja con la que miden el equipaje, pero literal que nadie pescó ni de ida ni de vuelta. Las miden al ojímetro y con que sepan que van a caber bien en la cabina, te dejan pasar. Honestamente, yo creo que el personal ya está chato y por eso no wevea mucho.
El tema es que con ambas maletas nos alcanzó de sobra. Mi truco de viajera: en una maleta venía toda nuestra ropa (lo mínimo) y en la segunda maleta, una chaqueta para que contuviera ‘algo’, porque de vuelta pusimos todas nuestras compras ahí. Siempre lleven una maleta vacía onda vieja matutera, porque uno inescapablemente sucumbe al consumismo y se termina trayendo weás que luego no le van a caber en el equipaje.

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El vuelo tarda poco menos de 1:30 horas y luego es cosa de llegar a Valdivia. Olvídense del taxi o el Uber, simplemente el día antes de su vuelo llamen a Transfer Aeropuerto Valdivia y reserven asiento. Por 4 luquitas lo dejan en la dirección que quieran. También sirven pa la vuelta, nuevamente llamen un día antes, les dan la dirección de su alojamiento y los pasan a buscar allá no problem.

Un tip para el retorno…

Oigan, si bien el Pichoy fue renovado hace poquito, sigue siendo no más grande que una sala de espera nivel hospital público, así que lleguen tempranito como les indican en el pasaje, o literal se van a quedar sin asiento en la sala. Clave.

Dónde hospedarse

En Valdivia abundan los hoteles, hostales y cabañas. Desde el más suntuoso Dreams, hasta un Airbnb equis. Nosotros siempre optamos por lugares que parezcan del sur, y que no superen 50 lucas la noche con desayuno. Revisen bien las páginas tipo Booking (no quiero decir Trivago, por la cresta) no por las ofertas, si no por los comentarios de los viajeros anteriores y las fotos. Así saben dónde se están metiendo.

Nosotros encontramos un hotel boutique llamado Aroma Verde, que surgió de un proyecto de renovación de una casona antigua. Contactamos al hotel directamente por fono y mail, y nos rebajaron la tarifa habitual de 55 a 50 por noche, con una reserva de apenas 30 lucas. Y si bien hubo detalles que hacen notar que los dueños no son hoteleros, estuvimos en general bien conformes. El interior es madera con vigas a la vista y las habitaciones renovadas conservan la ondita sureña que buscábamos; las camas son cómodas y el desayuno, abundante. Si bien está un poco ‘retirado’ de la costa, queda cerquita del mall y apenas a unas calles del centro (y de nuevo, Valdivia es muy caminable)
Si van a este hotel, pidan ojalá una habitación en el último piso; como es casa antigua, los pisos y escaleras hacen bastante ruido, pero arriba es super piola.

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Foto cortesía del hotel.

Qué hacer

Aparte de ponerle entre pera y bigote, Valdivia tiene ene para conocer, sobre todo desde el punto de vista histórico, además de los paisaje lindos que les van a adornar el instagram por un buen rato.

El sistema de fuertes es lo más notable. Dos de sus torreones están en la misma isla y pueden encontrarse fácilmente. Si resulta que no pueden salir a las otras islas, al menos pueden ver un torreón, que sea.

Dónde: Torreón de Los Canelos,
Dónde: Torreón del barro, (al lado de la Santo Tomás)

Para admirar todo, pero TODO lo que es ríos, flora, fauna, historia, fuertes, pueblitos, etc. sin darse la lata de salir a explorar uno por uno, o siquiera caminar, lo que más recomiendo es tomar un paseo en catamarán. En la nota pasada hablé del Reina Sofía, el cual por 20 lucas p/p en la cubierta baja te hace todo el tour con guía, dos desembarques, almuerzo y once. De verdad es la mejor forma de absorber Valdivia sin volverse loco. Y encima descansando.

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Fuerte de Corral.

El muelle Schüster

Mientras esperan el zarpe, pueden recorrer en su totalidad el muelle Schüster, que es gran parte del atractivo de Valdivia como ciudad, y es de donde salen todos los catamaranes y botes a recorrer los ríos que rodean el área.
Está en constante exhibición el submarino O’Brien (que se puede visitar, pero ojo, lea los comentarios de otros turistas antes; a nosotros no nos gustaron varias opiniones, así que optamos por no recorrerlo)
Otro pequeño atractivo es el Péndulo de Foucault instalado por el Centro de Estudios Científicos, que está puesto ahí básicamente para mandar a la cresta a los terraplanistas.

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Péndulo de Foucault.

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Mi foto artística. Puede que la foto la haya tomado el Nenuco y yo le esté robando el crédito, pero quién sabe.

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El O’Brien.

Se puede comprar un par de souvenirs clásicos. Nosotros le llevamos a medio mundo el destapador imán con forma de schop.
Ojito, a veces se pone una chica que vende croqueras con portadas que ella misma pinta con animales de la zona. No solo es artista, estudió la flora y fauna local y sabe ene. Entreténganse sacándole info y de paso aprendan alguna weá.
Ahí mismo se encuentra la feria fluvial, que es chiquita, pero muy bien organizada, donde recomiendo comprar salmón ahumado, mermeladas de sabores más raros (arándanos, rosa mosqueta), quesos, ajo chilote y por supuesto, si tienen cocina, pescados y mariscos. Vean además cómo alimentan a los lobos de mar gordinflones que se aburguesaron en el muelle, y que son en sí un show aparte.

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Chocolateeeee

Otro clásico imperdible es visitar la famosa chocolatería Entrelagos, un lugar precioso donde atienden vestidas de mucama francesa antigua. Sosí, recomiendo comprar cosas de consumo inmediato, como galletitas, helados y tortas, porque los chocolates que se va a traer con tanto cuidado y cariño de Valdivia, los va a pillar en el Tottus al lado de su casa. No haga ni tal.

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Dónde: Entrelagos, Pérez Rosales 640

Arquitectura

La calle Yungay/Gral. Lagos tiene aún varias casonas antiguas, transformadas hoy en hoteles y colegios, por lo que recorrer esta calle es otra faceta valdiviana de rigor. Entre ellas, se encuentra el Centro cultural El Austral, el cual es un museo abierto a todo público, donde se exhiben obras de arte random; pero su mayor atractivo es que conservan las habitaciones de sus antiguos dueños, y es gorgeous.

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Isla Teja

La dejo aparte, porque fue de mis lugares favoritos del viaje. El campus de la U Austral alberga un tremendo jardín botánico cuya entrada es gratis y es demasiado lindo. Vale la pena dedicarle una mañanita.

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No sé por qué tengo una cantidad imbécil de fotos de musgo. Como que me dio la tontera.

También hay un sector con tres museos, estos son pagados, pero pueden recorrerse todos a modo paquete promocional. Hay estampillas, numismática, animales y bichos disecados en el de la Exploración, arte en el contemporáneo (aunque cuando fuimos, ése estaba cerrado) y podrán llenarse de pesadillas con los cuadros y artefactos del museo de historia (sorry, pero había una muñeca de esas que estoy segura que se levantan en la noche, y un adorno floreado hecho con pelo de las niñitas de la familia que vivía en la casa. Cringe.)

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Dónde: Museos Philippi, Los Laureles, Isla Teja

Cementerio Alemán

Cerca del hotel teníamos el Cementerio Alemán, otra maravillosa forma de conocer la historia de la ciudad, pues sus colonos y descendientes están todos aquí. Además de que es tranquilo y muy bonito. Todos los fotógrafos aficionados hacen la parada obligatoria, así que no se extrañen de ver gente con sus cámaras. No es grande, así que se recorre en buen tiempo, y personalmente lo recomiendo.

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Dónde: Cementerio Alemán, Ramón Picarte, s/n (entre Pedro Montt y General Cañas)

Cerveza.

Obvio que lo primero que uno piensa cuando le dicen Valdivia es visitar la Kunstmann, hacer el tour y probar 16 tipos de cervezas, y no los estoy llamando básicos si quieren hacer eso, pero el panorama cervecero de Valdivia va mucho más allá de la gran K: Entre Ríos, Chucao, Kilaleufu, Valdmor, Los Torreones, Valbier, J. Bello, Carva, Del Duende, Nothus, Borderío, Valtare, Calle-Calle, la famosa Cuello Negro, la recomendable Bundor y la ultra recomendada por gente del sector Elfo del Bosque forman un paisaje harto más amplio y exquisito.

En la calle Chacabuco existe una licorería que se llama Baco’s. Entren con confianza y déjense guiar, porque les van a vender los mejores ejemplos de toda esta variedad, dependiendo de sus gustos personales.

Dónde: Baco’s Licorería, Chacabuco 454

Dónde comer

También abundan las propuestas, para gustos y bolsillos, pero les voy a recomendar algunos locales que nos parecieron imperdibles.

Si se busca algo más mantel largo, revisen nuestra nota acerca de La Cava del Búho, el que nos pareció el local con mayor propuesta de autor.

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Dónde: La cava del Búho, Walter Schmidt 660

Otro panorama básico es ir a los locales alemanotes de la Kunstamnn, pero yo les recomiendo hacer otra cosa: en Isla Teja se encuentra el famoso Growler (pronto la nota!), donde hacen sus propias cervezas y la comida es increíble y gigante (da para almuerzo y cena) y si llevan envase, puede comprar la birra por litro. También tienen la famosa sidra de manzana valdiviana, aunque nosotros no fuimos fans.

Dónde: Growler, 99, Saelzer 1, Isla Teja

En la misma Isla Teja se puso hace poquito una pastelería y heladería hermosa llamada Sweet & Gourmet, proveniente de Villarrica. Las chicas visten tipo años 50s, y el mobiliario parece sacado del castillo de She-ra que yo tenía cuando chica. Todo brilla, y es rosado y hermoso, y los helados son pa morirse de lo exquisitos (imperdible el sabor a bombón Raffaello!)

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Dónde: Sweet & Gourmet, Los Laureles 80, Isla Teja

Existe en la calle Vicente Pérez Rosales la cuarta mejor picá de Chile (según rankings recientes) llamada La Última Frontera (pronto la nota!). No voy a entrar acá en el tema de qué constituye o no una picá, pero sí diré que si bien la especialidad son los mansos sánguches, tienen que probar SÍ O SÍ el ajiaco. Es una maravilla.

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Dónde: La Última Frontera, Vicente Pérez Rosales 787

Lo que sí fue una picá pa nosotros (o sea un manso dato) fue el menú diario del Guacamole (pronto nota!): por 10 lucas le llevaba manso jugo natural, nachos caseros con guacamole y tres salsas, empanaditas, fondos gigantes mexicanos, repetición de jugo o copa de vino, y panquequitos de postre. Recomendadísimo.

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Dónde: Guacamole, García Reyes 658-686

Otro datito es que si usted bebe, hay que probar la mítica cola de mono que hacen ciertos universitarios expertos en lácteos en el Centro Tecnológico de la leche (CTL) de la UACH. Dicen que se ve a Yisus y un coro de ángeles si la pruebas. Encontrable en el Unimarc que está llegando al muelle. También existe un helado de este mismo brebaje, en la gelatería Nocciola.

Dónde: Nocciola, Caupolicán 578, local 18

Transporte

Algo donde pueden ahorrar buenas lucas es el transporte, porque casi todo Valdivia es caminable, y las distancias son cortas, salvo que se cruce a otra isla. Pero incluso nosotros fuimos a la Isla Teja ida y vuelta a pie, y no fue terrible. Pero si se cansa o le da latita, las micros llevan a todos lados y no son nivel Santiago de caras, además que rara vez andan llenas y los choferes son estilo sur, o sea, amables.

Clima

El clima de Valdivia es neurótico a cagar. Pueden venir super preparados para pasar el verano, y paf, se manda a llover una mañana entera, como si se rajara el cielo y cayera el agua en baldes. Vengan preparados para vestirse por capas, como si fueran a experimentar todas las estaciones del año en un solo día. Y lleve zapatos resistentes al agua.

Chicos, si encuentran que me faltó algo (dentro del criterio de guía básica pa gente ameba) o tienen alguna duda, pregúntenme nomás dejando un comentario aquí o en el face!

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