Bunsik: una intro completa al street food coreano

En pleno barrio Patronato, este local de comida callejera coreana ya se ha hecho una reputación envidiable.

Bunsik (en coreano, “comida hecha de harina”) es de ese tipo de locales que te hace pensar que tal vez hiciste una buena acción en la vida pasada o en ésta -onda salvaste una familia de pajaritos o ayudaste a tu abuela a ganar lucas con Bitcoin antes de que se devaluara y ahora eres el nieto favorito-, porque pucha que propuesta más bacán que tienen.

Se trata de un local de mediano tamaño, con cómodas barras en el perímetro y en la parte central, que permiten comer a la velocidad que se quiera, sea al paso rajando, o más piano piano.
El sistema es moderno, pero simple. Al entrar, puedes consultar el menú en la pared, o babosear directamente con las frituras en exhibición, además de otras ricuras que se pueden otear, gracias a que la cocina es completamente a la vista. Se pasa directamente por la caja, donde se hace el pedido y pagas con anticipación, sea para comer en local o llevar. De ahí te pasan este aparatito, te puedes sentar y esperar que el cosito se prenda como discotheque, avisando que tu bandeja está lista.

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No tengan miedo de ser preguntones si tienen alguna duda, porque el chiquillo da rial korean está ultra dispuesto a explicar la comida que ofrece. Ni de broma se queden con la bala pasá, no vaya a ser que se pierdan de manso plato por fomes y querer irse a la segura.

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La gran especialidad son los tempuras, o sea, todo frito. Entre ellos, encontramos los crocket o croquetas coreanas rellenas, verduras mixtas fritas, y rellenitos.
Nosotros nos lanzamos con una crocket de papa y choclo, y una de carne ($1.500 c/u), un ají relleno ($1.200), una verdura mixta ($800) y un kimari ($800)

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Aparte, hice la gran pregunta al chiquillo sobre lo que tenía cocinándose en el mesón, y me convenció de probar un bowl gigante de tteokbokki ($4.000), una sopa picante con masitas y pescado. Ojo, que también está disponible el siempre popular ramen, el cual se prepara acá con un toque coreano más spicy.

Se sirve todo en una bandejita de madera acompañada de un lote de herramientas y arminículos para comer con comodidad: tijeras gigantes para cortar las fritangas, cubiertos, cuchara si pidieron sopa, palillos para los sólidos de dicha sopa y hasta unas mini tenazas. A qué nivel, quedé plop cuando vi la presentación, pero en buena.
Además traía salsita y una especie de caldo chimichurri para acompañar los tempuras.

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Respecto a la comida en sí, mi amor es siempre por las croquetas, porque es algo que ya he probado en otros locales, aunque la receta varía. La de carne es contundentemente de carne, con trocitos pequeños de camote. El sabor a carne es prácticamente lo único que se siente, pero la preparación de ésta es bastante agradable.

Mi favorita, sin embargo, es la de choclo, porque es básicamente una suerte de papa rellena, pero mucho más exquisita. El particular estilo de fritanga de las croquetas es lo que las hace tan adictivas.

Obvio que iba a probar el ají, porque amamos el ají verde. No teman por el picor, es inexistente, pues le sacan todo el relleno, incluyendo las pepas. Solo queda el sabor del ají en sí, el cual viene relleno de carne y unos fideos glutinosos que están presentes en varias de las preparaciones, todo frito en suave tempura.

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La verdura mixta se trata de verduras ralladas (zanahoria, betarraga…) y fritas todas juntas. Es ene batido frito, y puede resultar entretenido de comer. Parece además un coral, lo cual resulta super llamativo.
El kimari, por su parte, es una alga frita (piensen tipo nori), rellena de los mismos fideos glutinosos, y trocitos de camote. Era el más fomito, pero había que probar.

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El tteokbokki resultó interesante: se trata de un plato super picante que se sirve en las calles a modo de aperitivo, y más bien en seco. Acá viene en formato sopa, pero el principio es el mismo: se cuecen unos pastelitos de arroz con forma de cilindro (tteok) con tiritas de pasta de pescado, en agua y salsa picante, agregando verduras y un huevo cocido. Y ojo, cuando digo picante, quiero decir:

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El resultado es un espectacular platillo rojo incandescente, demasiado picante tal vez para una persona, pero más llevadero entre dos. Las masitas no saben a mucho, son más bien para absorber los sabores que las rodean. Sabe bastante además a pescado, es un platillo definitivamente de gusto asiático y no es para todos, según yo, pero creo que hay que probarlo alguna vez en la vida (convenza a un amigo de comprarlo y le roba una porción)

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Para beber, hay bebidas y jugos normales de la vida, pero también venden el famoso Milkis, que es como una leche dulce con gas, que a mí me gusta ene, pero hay gente que no (el Nenuco); igual creo que es otra de esas experiencias a vivir.

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Ojo, que también hay menús armados tipo combo, para cuidar el gusto y el bolsillo. En resumen, un hallazgo que hay que visitar sí o sí.

Dónde: Bunsik, Río de Janeiro 367, Recoleta
Precio: Toooodo lo mencionado, unos $12.000 pa dos personas con hambrecita.

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